Caballero García, Presentación A.; García-Lago Ibáñez, Virginia (2010). La lectura como factor determinante del desarrollo de la competencia emocional: Un estudio hecho con población universitaria. Revista de Investigación Educativa, 28 (2), 345-359.
Estudio hecho con Población Universitaria

Resumen:

 Los beneficios de la competencia emocional en la vida de las personas han sido probados por la comunidad científica en los últimos años. Esto ha traído consigo la proliferación de programas de intervención para la mejora de esta competencia. La mayoría de ellos utilizan como recurso la lectura, pero la relación entre estas dos variables no está suficientemente demostrada. Esto motivó la realización de un estudio que tuvo como objetivos: 1) analizar la inteligencia emocional y los hábitos lectores de estudiantes universitarios, 2) conocer la asociación existente entre sus lecturas y nivel de inteligencia emocional autopercibida, y 3) comprobar diferencias existentes en competencia emocional, en función del género y del curso. Los hábitos lectores y la inteligencia emocional fueron evaluados mediante un cuestionario diseñado ad hoc para el estudio y el TMMS-24, respectivamente. Los resultados sugieren la necesidad de desarrollar programas que fomenten la lectura y contribuyan al desarrollo emocional, y se discuten desde la demanda que el Espacio Europeo de Educación Superior hace de este tipo de competencias en los nuevos planes de estudio de educación.

Conclusiones

El proceso de convergencia europea va a ofrecer mayor protagonismo al estudiante en su aprendizaje. Las clases van a dejar de ser lecciones magistrales para fomentar la adquisición de competencias a través del aprendizaje autónomo por parte del alumno (MEC, 2006). La lectura es imprescindible para este aprendizaje; pero ¿Cómo van a conseguirlo nuestros alumnos si la mayoría de ellos no lee libros relacionados con las materias de clase? Los datos obtenidos en esta investigación coinciden en su tendencia con los obtenidos por Cerrillo (2007), quien desvelaba que sólo uno de cada dos españoles lee de manera habitual. Muy pocos son los que afirman leer textos que requieren cierto compromiso intelectual, como es el caso de la poesía o el ensayo. Estos datos evidencian la necesidad de continuar trabajando no sólo desde la escuela, también en la Universidad, programas que fomenten el gusto por la lectura y mejoren las capacidades lectoras de nuestros estudiantes, de cara a una mayor optimización de sus aprendizajes.

Nuestro estudio revela también que más de la mitad de la muestra posee una adecuada IE. Sin embargo, conviene seguir trabajando por su perfeccionamiento y mejora, pues siguen siendo muchos los alumnos que tienen una media de IE inferior a la esperada. Las emociones y las habilidades que nos permiten manejarlas juegan un papel primordial en los procesos de aprendizaje, afectan a la salud física, a la calidad de las relaciones sociales y condicionan el rendimiento académico y laboral (Brackett y Caruso, 2007). El desarrollo y el bienestar de los alumnos depende de la capacidad del maestro de generar climas cálidos y llenos de emociones positivas (Seligman, 2005).

En cuanto al género, los datos hallados en nuestra investigación son iguales a los obtenidos por Palomera y cols. (2006) cuando afirman que las mujeres muestran mayores niveles de percepción emocional, mientras que los hombres suelen regular mejor sus emociones. Estos datos corroboran sólo en parte los resultados obtenidos por Fernández Berrocal y Extremera (2003), en cuanto a mayor atención y percepción emocional por parte de las mujeres, pero no se han obtenido los mismos resultados en cuanto a regulación emocional. Nuestros resultados nos permiten hablar de cierta tendencia, pero no de significatividad estadística, a favor de la mejor regulación emocional de los hombres. También confirmamos sólo en parte los hallados por Brackett y cols. (2004), quienes encontraron más hábiles a las mujeres en las tres dimensiones emocionales que estamos estudiando: percepción, comprensión y regulación.

Respecto al curso académico, hemos encontrado diferencias en la IE de los alumnos de primero con respecto a aquellos que están en segundo y tercero de carrera, pero no entre los alumnos de segundo con los de tercero, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿Qué esta contribuyendo a que se mantengan dichas diferencias?, ¿se trabaja más en primero que en los dos cursos restantes la IE?, ¿en qué asignaturas? Los datos que arroja esta investigación están en consonancia con los aportados por Schaie (2001): parece que, con el mayor desarrollo cognitivo y experiencia social, aumenta la IE. El paso a la universidad requiere de los estudiantes un mayor reto cognitivo, al mismo tiempo que socialmente se enriquece su mundo. Con el proceso de cambio que está viviendo la Universidad actual, tenemos una gran oportunidad de incluir las competencias emocionales, de manera progresiva por cursos, en los nuevos Títulos de Grado.

Creemos que sigue siendo necesario que la investigación en IE continúe analizando las diferencias debidas al género, pues los datos obtenidos en los distintos estudios difieren entre sí. Estas diferencias (o similitudes) nos aportarían información muy relevante para la creación de programas de intervención que permitieran mejorar la IE y atendieran las diferencias individuales, sin caer en los estereotipos de emociones para hombres o mujeres.

Como comentábamos en la introducción del presente artículo, la lectura es un instrumento utilizado por la mayoría de los programas de intervención para el incremento de las competencias emocionales. Su utilización no estaba avalada por datos empíricos que fundamentaran su adecuación. Esta investigación ha pretendido arrojar un poco de luz a este respecto y tratado de demostrar que la utilización de la lectura no es una elección caprichosa, sino que está justificada por su adecuada contribución al desarrollo de las competencias emocionales. Los resultados obtenidos nos permiten afirmar que la competencia emocional del estudiante universitario se ve afectada por la lectura que hace habitualmente. La lectura mejora la capacidad de percepción emocional y tiende a facilitar la regulación de las emociones. Nuestra investigación parece apuntar hacia la adecuación del uso de libros de autoayuda para mejorar las competencias emocionales, al igual que Martínez Serrano y Sierra (2005) demostraron su utilidad para mejorar dimensiones psicológicas de las personas. Si en investigaciones futuras se corroboran de manera contundente estos datos, habremos encontrado una herramienta eficaz, cómoda y de fácil aplicación, que nos permitirá mejorar la competencia emocional de nuestro alumnado.

Estudio completo: Revista de Investigación Educativa