Silvia Chaud Costa

Creatividad se deriva del latín ‘creare’ y está emparentada con la voz latína ¡crecere’ (crecer). Es interesante ver el entorno lingüístico en que aparece el concepto: en el Génesis del Antiguo Testamento leemos que Dios creó el cielo y la tierra de la nada (San Agustín, De civ, dei, 22,14: ‘qui creavit concta de nihilo’) . Creatividad significa pues, etimológicamente, “crear de la nada” hay quienes proponen la creatividad como “un concepto de trabajo” es el caso de G. Ullman y otras similares como la de Torrance, Mead, Scheck y Jonson.

El papel del maestro, tiene influencia y poder, tanto como elemento facilitador del desarrollo y de la expresión de la creatividad, como elemento bloqueador de las posibilidades de crecimiento del alumno. Como es de conocimiento general, el maestro puede por un lado despertar el interés del alumno sobre un asunto o área de conocimiento, y por otro lado llevarlo a odiar una determinada materia. Puede concientizar el alumno de sus talentos y posibilidades, o minar su confianza sobre su propia capacidad y competencia. Puede contribuir tanto para la formación de un autoconcepto positivo, como por el contrario, para la formación de una imagen negativa de si mismo, llevando al alumno a cerrarse sobre los recursos de su imaginación y capacidad de crear.

Estudios realizados presentan varias alternativas para aprovechar mejor el potencial creativo y para identificar varias dimensiones del comportamiento humano, como el afecto y lo lúdico, ambas de vital importancia y que deben de ser tomados en cuenta con más cariño por todos los que estamos comprometidos en un proyecto mayor de educación, que soñamos y que luchamos por un futuro más promisorio para nuestros niños y nuestra juventud.

Durante las dos últimas décadas se han desarrollado una amplia gama de estudios con respecto a la creatividad, especialmente en el contexto educacional, para responder a varias cuestiones como por ejemplo:

  • ¿Son los maestros capaces de identificar sus alumnos más y menos creativos?
  • ¿Maestros más creativos tienen alumnos más creativos?
  • ¿Cuáles son los atributos y las características de los alumnos que se destacan por sus habilidades creativas?
  • ¿Qué características poseen —según los maestros— los alumnos ideales?
  • ¿En qué extensión los atributos de personalidad, que favorecen la expresión de la creatividad, han sido cultivados?
  • ¿Qué atributos han sido considerados relevantes de recibir refuerzo y estímulo por parte del cuerpo docente?
  • ¿Cuál es la percepción que tienen los alumnos de su propia creatividad?
  • ¿Cómo evalúan el nivel de creatividad de sus profesores y compañeros?
  • ¿Se consideran a sí mismos, por ejemplo, como más o menos creativos que sus compañeros y maestros?
  • ¿Es posible cambiar esta percepción?
  • ¿Es posible, por ejemplo, a través de un programa de creatividad, cambiar la percepción que el alumno tiene de su propio nivel de creatividad?
  • ¿Cómo favorecer el desarrollo del potencial creador?
  • ¿Cuál es el efecto de programas de creatividad en el nivel de creatividad de alumnos y maestros?
  • ¿Los posibles efectos positivos de programas de creatividad permanecen a lo largo del tiempo o desaparecen enseguida?
  • ¿Cuáles son los antecedentes, incluyendo variables del contexto familiar y escolar, que contribuyen para la creación en las ciencias y en las artes?

Les comparto algunos datos obtenidos en investigaciones vinculadas con la creatividad, empezando con un estudio que indagó, entre otros aspectos, la percepción del alumno en relación a su propio nivel de creatividad con el nivel de sus colegas y de sus maestros. Es relevante destacar que uno de los motivos me  llevó a interesarme por este aspecto fue el gran número de investigaciones psicológicas que sistemáticamente han destacado que uno de los determinantes más poderoso del comportamiento humano es la percepción que la persona tiene de sí.

El hombre siempre busca una congruencia entre la percepción de sí mismo y su manera de actuar. De igual manera otro indicador que influyó en interesarnos por esta cuestión, se vincula con las afirmaciones que escuchamos frecuentemente por parte de niños, jóvenes y adultos, indicando que tienen una visión bastante limitada de sus propias competencias, aptitudes y habilidades, como ejemplo: todo lo que hago está equivocado; yo no consigo aprender; ya nací así, de este modo y de nada me sirve seguir intentándolo; yo sé que no soy capaz; no soy nada creativo.

Datos obtenidos indicaron que la creatividad no era una característica deseada por  dos grupos de alumnos entrevistados  los cuales  preferían ser inteligentes, populares, y honestos. Se observó además que la población más creativa, prefería compañeros que fuesen creativos, aunque no desease esta característica para si misma. De acuerdo con las respuestas obtenidas de todos los niños, el alumno creativo era también uno de los menos deseados por sus maestros, que también preferían alumnos inteligentes, populares y honestos.

El elevado número de alumnos más creativos  se destacaron por su autoconfianza. Estamos llamando la atención sobre este aspecto, en razón que éste es un atributo de la personalidad muy importante y que debe ser cultivado y que ha sido sistemáticamente observado en sus estudios con personas que se destacan por su producción creadora. La autoconfianza —que incluye una actitud de optimismo aliada al coraje para enfrentar riesgos— es una condición que favorece un mejor aprovechamiento del potencial para crear. Este y otros atributos como el entusiasmo, la persistencia, el compromiso, la independencia, la intuición, la sensibilidad, la espontaneidad, como muy importantes de ser cultivados y deberían recibir mayor atención por parte de los agentes socializadores.

Para que la escuela promueva de manera adecuada la creatividad es necesario asumir que es indispensable invertir en la formación docente. Pues, el docente es un elemento fundamental en todo el proceso de enseñanza: Es el que concibe el proceso educativo, es principal responsable del clima psicológico que predomina en el aula; a él le compete utilizar las técnicas y estrategias que posibiliten al alumno el tomar conciencia del poder de su imaginación y de los recursos creativos de su mente. También a él le compete fortalecer los rasgos de personalidad como la autoconfianza, persistencia, iniciativa, independencia de pensamiento y de acción, curiosidad, elementos todos que caracterizan a la persona creativa.

Silvia Chaúd Costa