Cuenta una leyenda, que en una pequeña aldea de La India vivían seis hombres sabios y ciegos. Pasaban las horas del día discutiendo y compitiendo por sus saberes. Un día, uno de ellos propuso discutir sobre cómo era un elefante. Como nunca habían visto ningún elefante, después de varias horas de discusión sin llegar a ningún acuerdo, uno de ellos propuso salir a la selva para encontrar uno.

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Rápidamente encontraron uno y todos avanzaron para palparlo y conocer cómo era un elefante.
– El elefante es como un gran abanico, gritó el primero que palpó una de las grandes    orejas del elefante.

– Es como un árbol, exclamó el segundo tocando las patas del elefante.

– Ambos estáis equivocados, el elefante es como una soga, dijo el tercer hombre acariciando su cola.

– El elefante es como una lanza, comentó el cuarto hombre.

– No, no, gritó el quinto hombre. Es como un alto muro, había estado palpando el costado del elefante.

– Estáis todos equivocados, el elefante es como una serpiente, el sexto hombre tenía cogida la trompa del elefante.

 Los seis hombres volvieron al poblado discutiendo acaloradamente.

Esta historia me parece una buena metáfora de lo que está ocurriendo en el sector en los últimos años. En función de a quién le preguntes, y según sus experiencias y sus interés, uno obtiene diferentes respuestas sobre lo que es la innovación educativa.

Sin duda la tecnología, en concreto internet, ha contribuido a nuestra infoxicación,pero no solo en materia educativa. Es curioso pero estamos tan infoxicados que cosas que la humanidad ha hecho durante toda la vida ya no sabemos hacerlas, ya no estamos seguros de cuántas horas hay que dormir, de cuánto ejercicio hay que realizar para estar en forma o cuántas veces al día es bueno comer, por ejemplo.

 Ante este “maremagnun” de teorías, orientaciones y consejo, un directivo debe saber mantener la calma y tomar con prudencia todo lo que lee y escucha. Para ello, lo mejor es tomar consciencia y  aplicar la práctica reflexiva a la gestión como contrapeso a la inercia y la velocidad a la que estamos expuestos en estos días.

 Aplicar a nuestras decisiones un filtro previo en forma de ¿qué?, ¿por qué?, ¿para qué?, ¿cómo? y ¿con qué herramientas o recursos?, para tomar conciencia de las decisiones que estamos tomando o vamos a tomar y de la implicación futura que van a tener para el colegio.

Hagamos la práctica:

 ¿Qué?

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Desde nuestro punto de vista, la INNOVACIÓN no tiene que ver con introducir o poner en marcha novedades (proyectos, metodologías, dispositivos, etc.), sino con resolver problemas.

Sacar la conclusión de que una pastilla para la hipertensión es buena para mí por el simple hecho que es medicina obviamente es un error, será buena si tengo hipertensión, si no, me va a generar un problema que antes no tenía.

 ¿Sabemos a qué problemas les estamos dando solución con los cambios que estamos generando? O por el contrario, ¿estamos copiando lo que otros hacen o dejándonos llevar por la inercia y burbuja que vive el sector tanto a nivel pedagógico cómo tecnológico?

 ¿Por qué?

¿Hemos diagnosticado objetivamente la realidad? ¿entendemos el contexto y sus tendencias? ¿estamos siendo honestos con nosotros mismos y la situación de nuestro centro?

 ¿Para qué?

El por qué es la causa y el para qué son las consecuencias de nuestras decisiones, la finalidad de los cambios que impulsamos o queremos impulsar en el colegio.

Se me ocurren algunos resultados que buscar con la introducción de innovaciones y la generación de cambio, los dos primeras pueden ser a su vez la causa de las dos segundas:

  • Motivación del alumnado hacia el aprendizaje.

  • Futura empleabilidad de éstos.

  • Sostenibilidad y viabilidad del proyecto educativo: entendida esta idea como la generación continuada de interés en nuestro colegio por parte de un número suficiente de familias.

  • Excelencia Institucional: generar una cultura de cambio, innovación y creatividad que nos proteja de épocas como la actual y que haga del cambio continuo un eslabón más de nuestro ADN organizacional.

 ¿Cómo?

 

Partiendo de la idea anterior sobre la consecución de la excelencia institucional, el cómo tiene más que ver con el cambio de la cultura de centro que con la introducción de metodologías y recursos, tecnológicos o no, concretos.

 El cambio de cultura se consigue con continuas y pequeñas dosis de cambio, como la lluvia fina (chirimiri), que cuando te quieres dar cuenta, estás empapado. Los inesperados y grandes cambios provocados por la urgencia no generan cultura, generan rechazo, al igual que los grandes chaparrones que provocan que la gente se ponga a rápidamente a resguardo para no mojarse.

 En los centros es necesaria la generación de un movimiento de innovación constante y sostenido que parta siempre de su proyecto educativo, de su Identidad. Hay colegios que quizás ahora son muy innovadores, pero es lo único que son, porque han olvidado su esencia e identidad. ¿Merece la pena? Un movimiento de innovación debe ser dirigido por el equipo directivo, impulsado por el claustro, protagonizado por los alumnos y validado por las familias, con su satisfacción, fidelidad y futura matriculación.

Por último, cualquier cambio debe intentar alinear la motivación hacia el aprendizaje de los alumnos, las necesidades y expectativas de las familias y las capacidades de claustro. Por ejemplo, si introduces tablets porque a los alumnos les motiva, pero no has definido un proceso previo de formación del profesorado, no solucionarás un problema y generarás uno nuevo. Si mantienes fórmulas tradicionales de evaluación  para que así no se resienta el clima del colegio en secundaria, seguirás teniendo un problema con la motivación de los alumnos.

¿Con qué herramientas?

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Tener un marco de referencia que nos oriente y aporte un lenguaje común no garantiza el éxito de las decisiones pero, al menos, permite tomarlas con mayor seguridad. Los modelos son guías que te ayudan a la reflexión, la decisión y la acción pero no son recetas. Las recetas no existen, y lo que a uno le va bien, no tiene por qué irle bien a otro. El modelo Creative Classroom Research es un marco interesante para provocar prácticas pedagógicas innovadoras de forma sistemática.

Modificar las formas de organizarnos es necesario si de verdad queremos impulsar un cambio. Contar con estructuras flexibles que nos permitan gestionar con agilidad y enfrentarnos a la velocidad actual. Hay que destronar la “reunionitis”, desburocratizar procesos y desjerarquizar estructuras.

En último término, contar con herramientas tecnológicas para medir, analizar, comparar, contrastar y revisar nuestras decisiones nos ayudarán a retroalimentar el ciclo virtuoso de la innovación y del cambio.

Para finalizar e inspirar esta práctica reflexiva, dejo algunas ideas:

  • Una escuela innovadora no es una escuela perfecta, es una escuela que no tiene miedo cambio.

  • Es necesario poner más foco en el proceso, y menos en el resultado. El aprendizaje es un proceso de medio-largo plazo, el cambio también. Los rankings y las pruebas externas están, en ocasiones, mediatizando nuestras decisiones.

  • La innovación es nuestro colegio, ¿es un SUCESO o un PROCESO?. Es decir, ¿los proyectos implantados son inconexos entre sí y su puesta en marcha ha sido motivada por las urgencias, las recetas de otros (para sus problemas) y las modas? o ¿realmente forman parte de un proceso reflexionado, fundamentado y que persigue unas finalidades educativas concretas?

  • Las decisiones basadas en las urgencias generan destrucción, las decisiones orientadas por lo importante generan transformación.

  • Debemos crear y compartir el Storytelling de nuestro proceso de transformación. Igual que si algo no sabemos explicarlo es que no lo hemos comprendido, si nos somos capaces de explicar nuestra historia de transformación, puede ser o que no la tengamos o que no la hemos comprendido. Crear esa historia nos permitirá validarla y comprenderla para orientar nuestras decisiones futuras.

 Pedro Beneit Sierra – CEO EIM consultores