La UNESCO en 1996, hace casi 30 años, ya estableció los principios precursores definiendo los pilares troncales de la educación del siglo XXI: “aprender a conocer, hacer, ser y convivir” y el estudio  DeSeCo-2003 define y selecciona las competencias clave europeas.

Competencias clave: capacidades para aplicar de forma integrada los contenidos propios de cada enseñanza y etapa educativa, con el fin de lograr la realización adecuada de actividades y la resolución eficaz de problemas complejos.

Las competencias son un elemento curricular de la misma importancia, AL MENOS, que los objetivos, contenidos, metodologías, criterios de evaluación y estándares de aprendizaje. Esto es así, no sólo por voluntad de los gobiernos españoles sino también porque hay que dar cumplimiento a la Recomendación del Parlamento Europeo desde el año 2006. Es un requerimiento a cumplir en el horizonte del 2020. Han pasado casi 10 años y quedan cuatro o cinco para que la integración de las competencias en las aulas sea una realidad. Muy complicado de cumplir.Queda tanto camino…

Las competencias clave deberían significar una oportunidad  para que todo el alumnado aprenda más y mejor, contribuyendo a reducir el fracaso escolar y a mejorar la atención a la diversidad.

Con la aplicación de las competencia dentro de las aulas se debe mejorar y asentar la base cultural que debe adquirir la mayoría del alumnado al acabar la Educación Obligatoria. Las competencias se deben ir adquiriendo en Infantil, Primaria y Secundaria.

Trabajar por  competencias significa planificar y trabajar con diversas metodologías  los aprendizajes que debe “saber y saber hacer” la mayoría del alumnado para defenderse en la sociedad del siglo XXI y para seguir aprendiendo en las siguientes etapas educativas. Los aprendizajes imprescindibles mínimos se seleccionarán de entre estándares de aprendizaje que señalan los nuevos currículos oficiales derivados de la LOMCE.

Al hablar de competencias,  estamos ante un elemento curricular europeo que ha venido para quedarse muchos años.

Todas las personas necesitamos las competencias claves para nuestra realización y desarrollo personal, para el  ejercicio de una ciudadanía activa y para la inclusión social y laboral. Se conceptualizan como un “saber hacer desde el conocimiento y la experiencia” y como esa capacidad personal para resolver adecuadamente las situaciones-problema de la vida cotidiana y real.

Las competencias clave  implican una nueva forma de “enseñar y aprender” mucho más práctica porque requiere preparar actividades que posibiliten al alumnado la aplicación de la teoría y conocimientos de los libros de texto. Esas actividades podemos llamarlas tareas competenciales prácticas. No es fácil. Para integrar las competencias en las aulas habría que diseñar, aplicar y evaluar tareas competenciales prácticas en el día a día escolar, es decir, más práctica y menos teoría, por lo que habría que recortar bastante las actividades que proponen los libros de texto. No hay tiempo para todo. Si se hace una cosa hay que dejar de hacer otra. Se impone priorizar lo fundamental ( teoría + práctica) sobre otros contenidos convenientes, muy interesantes…

Con la aplicación de las competencias dentro de las aulas se debe mejorar y asentar la base cultural que debe adquirir la mayoría del alumnado al acabar la educación obligatoria.

Las competencias, al igual que las áreas, habrá que evaluarlas desde los criterios de evaluación y estándares de aprendizaje.

Cuando el alumnado hace cuentas, copia y contesta las actividades del libro de texto… está haciendo ejercicios mecánicos y repetitivos con los que, generalmente, suele mover mucho la muñeca y poco el cerebro.

El reto de una escuela competente es diseñar actividades para que el alumnado organice su cabeza y mueva más el pensamiento que la muñeca. Con las tareas contextualizadas, integradas y prácticas se integrarán contenidos y procesos mentales/cognitivos complementarios a memorizar, recordar, conocer, identificar… como lo son: analizar, seleccionar, clasificar, hacer, comunicar, exponer, usar, describir, resumir, elaborar, observar, valorar… que generalmente trabajamos un poco menos en las aulas y además, son menos propuestos en los libros de texto.

Hacer tareas es hacer actividades prácticas para aplicar los conocimientos teóricos. Las tareas están avaladas por  evidencias científicas: después de dos semanas tendemos a recordar el 10 % de lo que leemos, el 20 % de lo que oímos, 30% de lo que vemos, 50 % de lo que demostramos, 70% enseñando a otro la actividad y el 90 % de lo que hacemos y practicamos. Nuestras reflexiones docentes cuando decimos que “se les olvida todo” también van en esta dirección.

Extracto de la publicación Características y novedades de la LOMCE. (Aularagón)

Progrentis permite desarrollar en los alumnos el conjunto de destrezas y competencias necesarias para aprender a aprender en el mundo digital. 

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Progrentis parte de elevar la destreza lectora en términos de comprensión y fluidez de los alumnos, para luego, a través de las destrezas digitales, llevar al alumno a la aplicación de estas destrezas en el tratamiento de la información y la resolución de problemas.

Progrentis es un programa individual y personalizado para cada alumno, en el que el docente podrá evaluar el nivel de logro de cada alumno respecto de las competencias trabajadas en la secuencia de actividades que propone el Programa, así como los estándares evaluables de aprendizaje.

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Estándares Evaluables

El programa parte de un índice inicial IPD.  El IPD ayuda a determinar el progreso de un alumno a partir de la medición de cuatro aspectos: fluidez, comprensión, vocabulario y el recuento de palabras. Esto ubica al alumno en una escala según su edad y queda registrado en cada ciclo escolar permitiendo obtener una evolución histórica de su progreso.

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