Publicación de la revista ACV (El Confidencial). Accede al original

La vida no será igual de aquí a unos años. Y es de vital importancia modificar ciertas fórmulas educativas para prepararles lo mejor posible ante los cambios que están por venir

Por muchas predicciones, nadie sabe qué nos aguardará a mitad de siglo. Algunos más atrevidos ante el vértigo que produce pronosticar lo que le sucederá a la humanidad en 2050 ven la llave del futuro en la tecnología. Como Yuval Noah Harari, el famoso historiador y escritor israelí que destaca por sus afiladas teorías sobre lo que nos espera una vez las inteligencias artificiales, los algoritmos y la bioingeniería tomen las riedas de este caballo desbocado llamado historia.

Los niños que están naciendo ahora mismo tendrán una media de 30 años de edad para 2050. ¿Qué clase de mundo les espera? Todas las generaciones han intentado aleccionar a sus hijos según las hipótesis de lo que sucedería en un futuro. Incluso se han ido incorporando nuevos elementos en la educación, como las tablets o las pizarras digitales. Quién sabe, tal vez las personas que nazcan en estos momentos sean las últimas en saber lo que es la muerte, si los avances en criogenización dan resultados y son finalmente aplicables al ser humano.

"Si esta generación carece de una visión integral del cosmos, el futuro de la vida se decidirá al azar"

Según Harari, es el propio cuerpo el que podría experimentar la próxima gran revolución histórica, “gracias a la bioingeniería y las conexiones o interfaces directas entre mentes y ordenadores”. El historiador sostiene que “gran parte de lo que los niños aprenden hoy probablemente sea irrelevante para 2050″. Por ello, ¿cómo educar a nuestros hijos y garantizar que dispongan de un aprendizaje acorde a los grandes cambios que nos aguardan a lo largo de todo este siglo? El autor ha escrito un artículo en ‘Medium’ donde detalla cuál cree que debería ser la forma más correcta de educar a los niños de hoy para el mañana.

El primero de los cambios critica la tendencia generalizada de la educación en introducir información en el cerebro de los niños a través de la memorización. Aunque es una actividad cerebral cuyo desarrollo es esencial, aprender datos de memoria ya cada vez tiene menos sentido, debido sobre todo a que cada uno disponemos de un smartphone con acceso directo a la Wikipedia o a cualquier contenido educativo o formativo a través de YouTube. Sin embargo, no podemos olvidar que tanta cantidad de información resulta contraproducente, además de los riesgos que implica Internet en el crecimiento intelectual de los adolescentes.

Lo más importante será lidiar con el cambio, aprender cosas nuevas y preservar el equilibrio mental en situaciones desconocidas

“En un mundo así lo último que un profesor necesita dar a sus alumnos es más información”, sostiene. “Ya tienen demasiada. En cambio, las personas necesitan la capacidad de dar sentido a esa información, distinguir entre lo que es relevante y lo que no y, sobre todo, relacionarlas para conseguir una amplia imagen del mundo”. Este último parece uno de los grandes errores de la educación actual, ya que se insiste en que el individuo adquiera información, pero no que la pueda utilizar para observarla integrada en lo cotidiano. “Si esta generación carece de una visión integral del cosmos, el futuro de la vida se decidirá al azar”, alerta Harari. Otro de los puntos que están bajo sospecha es el de los idiomas. El experto cree innecesario tener que someter a los alumnos a un duro aprendizaje de idiomas si los progresos digitales implican una gran mejora de algunos servicios de Google, como el Google Translate.

“Las cuatro C”

Ante esta situación, ¿qué es lo que deberían enseñar los profesores? Harari cree en un método educativo que él y otros investigadores llaman “las cuatro C”: pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad. En general, “las escuelas deberían maximizar las habilidades técnicas y comunicativas para la vida”. Lo más importante, según ellos, será “lidiar con el cambio, aprender cosas nuevas y preservar el equilibrio mental en situaciones desconocidas”. Sobre todo, “reinventarse una y otra vez”.

ESTEBAN HERNÁNDEZ 
En su nuevo libro, ‘Homo Deus’, Harari nos introduce en el futuro: la humanidad se dividirá entre una superélite de humanos mejorados y una masa de personas “inútiles”

Para 2048 Harari pronostica que “las personas podrán tener que hacer frente a las migraciones del ciberespacio, las identidades de género fluidas y las nuevas experiencias sensoriales creadas por los implantes de computadora”. Desde tiempos inmemoriales, “la vida se dividió en dos partes complementarias: un período de aprendizaje seguido de uno de trabajo”. Así, “en la primera parte, el individuo acumula información, desarrolla habilidades, construye una cosmovisión y una identidad más o menos estable”; en la segunda, “la persona confía sus habilidades adquiridas para navegar por el mundo, ganarse la vida y contribuir a la sociedad”.

Pero según el historiador defiende, “a mediados del siglo XXI, el cambio y las vidas que se harán más largas echarán abajo este modelo, la pregunta más urgente y complicada de responder será ‘¿Quién soy?’. Esto implicará altos niveles de estrés, como cualquier otro cambio, pero al mismo tiempo se hará emocionante, ya que nuevos panoramas se abren y hay un mundo entero que conquistar”. Parece que el modelo de sociedad líquida y cambiante que planteaba el filósofo Zygmunt Bauman concuerda con las predicciones de Harari: “En el siglo XXI no puedes pensar en estabilidad. Si tratas de aferrarte a una identidad, a un trabajo o una cosmovisión estables, te arriesgas a que te dejen aún más atrás mientras el mundo pasa volando como un zumbido”.

Si quieres tener éxito, tendrás que esforzarte en saber quién eres y qué quieres de la vida

Dado que es probable que la esperanza de vida aumente, “para seguir siendo relevante tanto económica como socialmente deberás aprender constantemente y reinventarte a ti mismo una y otra vez”. El escritor describe el futuro como una verdadera obra de ciencia ficción. “Los seres humanos como individuos y como sociedad tendrán que lidiar cada vez más con cosas antes nunca vistas: máquinas superinteligentes, el diseño de cuerpos, algoritmos que pueden cambiar emociones con una precisión asombrosa, cataclismos climáticos rápidos provocados por el hombre y la necesidad de cambiar de profesión cada década”.

Coca-Cola, Amazon o el gobierno competirán para piratearte, tu sistema orgánico está en juego

“Para sobrevivir en un mundo así, necesitarás mucha flexibilidad y grandes reservas de equilibrio emocional”. Pero, ¿hay algo más complejo que esto mismo? ¿Cómo moldeamos las emociones o el comportamiento humano? Harari lo tiene claro: dejarles ese trabajo a las máquinas. “A medida que la biotecnología avance, será más fácil manipular las emociones y los deseos más profundos de las personas”. Algo bastante aterrador a simple vista. “Cuando Coca-Cola, Amazon o el gobierno sepa cómo apretar con éxito la nota emocional de tu corazón, ¿podrás notar todavía la diferencia entre tú y los expertos en marketing?”.

El consejo más antiguo de la vida

“Si quieres tener éxito en una tarea tan desalentadora, tendrás que esforzarte mucho para conocer mejor tu sistema operativo: saber quién eres y qué quieres de la vida”, recalca Harari. “Este es, por cierto, el consejo más antiguo: conócete a ti mismo, porque a diferencia de los tiempos de Lao-Tse o Sócrates, ahora tienes una competencia seria. Coca-Cola, Amazon o el gobierno están compitiendo por piratearte. No es tu ordenador, ni tu cuenta bancaria, ni tu smartphone; lo que está en juego es tu sistema operativo orgánico. Es posible que hayas oído que estamos en la era de las computadoras, pero eso no es ni la mitad de la verdad. Estamos en la era de hackear humanos”.

Para correr más rápido, lo mejor es no llevar mucho equipaje contigo

¿Cómo escapar de un futuro tan distópico e inhumano? “Puedes ser completamente feliz si cedes toda la autoridad a los algoritmos para que decidan por ti. Si es así, simplemente relájate y disfruta del viaje. No tienes que hacer nada, los algoritmos se encargarán de todo. Pero si deseas mantener cierto control sobre tu existencia personal y el control de tu vida, debes correr más rápido que los algoritmos, más rápido que Amazon o el gobierno, y conocerte antes a ti mismo que ellos. Para correr rápido, lo mejor es no llevar mucho equipaje contigo. Aparcar todas tus ilusiones. Son demasiado pesadas”, concluye.